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Tiene Almendralejo el jadeo propio de los surcos y las vides, el deseo penetrado de una tierra que, sin sortear la vida, hace de su paisaje el mejor homenaje que aquel bosque de almendros dio nombre a la ciudad. No hay pasmo para la visión si se quiere ni aldabas que cierren sus campos, si lo que se pregona aparece en los días y va condescendiendo a esa mirada que la hace propia. Olivos y viñas oteando el horizonte que tiene en sus hombres los celadores más fijos, mientras el tiempo, ya a vueltas de diciembre,
anuncia su pasar, haciendo de las tardes el mejor resumir de una historia madurada en los tiempos.
Aquí nació Carolina Coronado y aquí sigue vivo su recuerdo en este centenario de su muerte, que hizo de ella como mujer una gran feminista y como poetisa una digna representante de las letras españolas del siglo XIX. Ya lo había aclamado
Espronceda, aunque fue Hartzenbusch el que al prologar su primera colección de Poesías, dedicada a su tío Pedro Romero, hiciera que la acogieran todos. Como cuenta Isabel María Pérez González en su Carolina Coronado (Del Romanticismo a la crisis fin de siglo) no le resultó fácil la publicación de su segunda colección que estuvo deambulando, parece ser, por editores e imprentas, debido al tono reivindicativo de los poemas. En carta a la Sociedad Tipográfica y Literaria, editora de La Risa, manifiesta lo siguiente: “Espero que usted me explique si esa sociedad tomará también poesías de una mujer… ¡Poesías de una mujer! ¡Oh audacia,
oh pernicioso ejemplo! Cuando aún no han podido digerir el primer libro ya les doy el segundo”.Su vocación, belleza, juventud e ingenio, apareció en un momento de exaltación donde los afanes estaban en su apogeo. Carolina Coronado – se dice- perdió la adolescencia con la publicación de su primer libro, pero de nada sirvió esta pérdida, ya que siempre pretendió estar por encima de
lo considerado mediocre.

Yo me siento violenta y comprimida
como el niño que hablar quiere y no sabe;
una cosa en mi alma está escondida…
Vivo abrumada por un peso grave…
Un concierto suave
escucho en mis sentidos,
cual si dentro de mí hubiera sonidos.

Ahora Almendralejo, una vez más, a través de su Ayuntamiento y la Concejalía de Cultura, honra la memoria de su hija más ilustre, volcándose en este centenario de su muerte y haciendo del 2011 un año intenso de actividades, como homenaje a su poetisa y como elemento divulgador de su vida y obra que siempre tendrá entre nosotros la memoria más viva y preclara de nuestro presente.